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miércoles, 3 de marzo de 2010

Artículos de escritor

Desarmé de nuevo la Rotring con idea de agregar a la tinta unas gotas de alcohol. Al desarmarla descubrí que estaba casi vacía; quiere decir que anoche no la cargué con la cantidad de tinta necesaria. De modo que eché unas gotas de alcohol, desde un algodoncito y luego le agregué más tinta. Al poner el tapón que contiene la punta metálica, desbordaron unas gotas y me ensuciaron la mano izquierda -pero no el buzo-. De paso, descubrí que en el mismo cajón donde estaba la tinta Rotring está todavía la lapicera Staedtler con la que escribí la "novela luminosa". Es increíble cómo han sobrevivido esos artículos de escritorio a tantas pérdidas, tantas mudanzas, tantas rupturas -tantas vidas vividas, en suma-. Lo mismo que mis textos. Se ve que estas cosas son las únicas que he cuidado. De mis textos sólo perdí algunos escritos durante la estadía en casa de mis amigos o durante algunos días pasados con Chl. Me molesta sobre todo haber perdido un relato de un sueño donde se sintetizaban algunos aspectos sobresalientes de ese período. Pero no estoy seguro de que esas hojas se hayan perdido realmente; tengo la impresión de que en cualwuier momento pueden aparecer, cuando esté buscando otra cosa.
¿Y qué resultado obtuve de la recarga de la Rotring? Ninguno apreciable. Sólo conseguí escribir fluidamente, de modo impecable, la fecha y la hora. Enseguida comenzó a marchar como antes, o tal vez un poco peor que antes. Ya le pedí a Chl que me compre una nueva. No quiero usar la Staedtler; me acuerdo perfectamente de las dificultades que se creaban a cada rato, cómo había que desarmarla y limpiarla a menudo, cómo se torcía invariablemente una aguja finísima que había adentro de la punta metálica que era en defintiva lo que permitía escribir.
Renuncio a seguir escribiendo con esta mierda.

Mario Levrero, La novela luminosa

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