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sábado, 31 de marzo de 2012

"La poesía tiene a su favor la música, es decir, un recorte del rumor sin fin".

Diana Bellessi, La pequeña voz del mundo

jueves, 22 de marzo de 2012

Puerto oscuro

(Mark Strand)

I
En la noche sin fin, en medio de la oscuridad que empapa,
yo tengo puesto un traje blanco que brilla
entre las hojas negras que caen, entre

las lunas recubiertas de insectos de los postes de luz.
Camino entre los árboles de color esmeralda
en la noche sin fin. Voy cruzando

la calle, luego desaparezco cuando doblo la esquina.
Brillo al atravesar el parque, rumbo
a la estación donde me están esperando los otros.

Muy pronto viajaremos por la oscuridad sin sonido,
con fuegos para guiarnos por el áspero terreno
de la noche sin fin. Y tengo puesto

un traje que opaca hasta la luna, que brilla deslumbrante
cuando entro en la estación donde los otros
susurran que la luna

no es más impedimento que cualquier otra cosa,
y que, si alguien sufre, se pueden comprar alas
por monedas o cambiarlas por armas, que la reglas

de la tierra se aplican asimismo a quienes se disponen a partir,
que es mejor estar listos, puesto que la ceniza
del cuerpo es insignificante y no viaja muy lejos.

VII
Te podrías burlar del esplendor de la luz de la luna,
¿pero qué sería el corazón humano si deseara
sólo la oscuridad y no quisiera nada en esta tierra

sino la tinta de los mares o la negra sombra de las rocas?
Arrojarse una noche de verano hacia el vacío
plateado del aire y contemplar los campos pálidos

mientras descansan, bajo la mirada huraña de la luna,
quedarse demorado en lo profundo de la vista y preguntarse
cómo, en esta blancura, lo que amas está

más allá de la pena, y cómo en ese valle dilatado de tu mirada
crece la esperanza, y ahí, bajo el lejano
y apenas perceptible fuego de todas las estrellas,

sentirte despertar al cambio, como si tu cambio
fuera inmenso y figurara en los anhelos celestiales.
Y sin embargo, todo lo que querés es levantarte de la sombra

de vos mismo y ponerte al calor refrescante de una noche de verano
cuando brilla la luna y hasta la tierra misma
está cubierta y en silencio en su sueño de piedra.

VIII
Si el alba rompe el corazón, y es un horror la luna,
y el sol no es nada más que la fuente del sopor,
entonces por supuesto habría callado todos estos años

y no habría decidido salir hoy a la noche
con mi traje cruzado azul oscuro nuevo
y sentarme en la mesa de un restaurante con un bol

de sopa frente a mí, celebrando lo bien que me ha tratado
la vida y cómo ha culminado en este instante.
Las armonías de lo saludable han llegado a su apogeo,

y estoy temblando de satisfacción, y a vos
también se te ve bien. Me gustan mucho tus dientes de oro tu y pelo teñido
un poco verde y un poco amarillo, y tu peso, que al fin

ha subido hasta un punto que jamás habíamos pensado
que llegaría. Oh compañera, hermosa muerte mía,
mi negro paraíso, mi droga con olor a húmedo,

mi musa simbolista, ofréceme tu pecho
o tu mano o tu lengua que duerme todo el día
detrás de su muralla de encías color rojo.

Acostate en el piso del restaurante
y recita todo lo que se ha escapado de mi felicidad.
Decime que no viví en vano, que las estrellas

no van a morir y que las cosas van a seguir siendo como son,
que lo que he visto durará, que no nací
en el cambio, que lo que dije no lo dijeron por mí.

XIV
El barco se quedó demorado en el puerto.
La promesa de la partida comenzó a apagarse.
El resplandor del mar, la brillante abundancia

de su azul, sin embargo, no se apagan.
Los pasajeros unen sus voluntades para liberar
el barco que chirría. Lo único que quieren

es un último viaje más allá de las palmeras de papel
y los bancos de arena de la melancolía, más allá del cristal
y las mansiones de alabastro enhebradas a lo largo

de la costa, más allá del sonido de sirenas
y de los estruendosos engranajes de los grandes camiones que trepan las colinas,
hacia la desnudez bañada por la luna de las olas,

donde los garabatos en el agua tientan a los viajeros a sumergir sus manos
para atrapar esos mensajes que se van disolviendo entre sus palmas.
Una vez y otra vez sale a flote lo escrito,

resplandece a la luz por un instante y se hunde después sin que nadie lo lea.
¿Por qué los pasajeros habrían de desear con tantas ansias
vislumbrar lo que nunca han de tener?

¿Por qué hay tantos de ellos apiñados sobre las barandas,
mientras dormita aún el barco amarrado en el puerto?
¿Y a quién saludan con la mano? Hace

años que los negocios de la ciudad abrieron,
hace años que izaron la bandera en el pequeño parque,
que la nube detrás de la montaña de la zona se movió.

XVI
Es cierto, como dijo alguien, que en
un mundo sin cielo todo es despedida.
Sin importar si vos saludas con la mano,

aun así es despedida, y si no brotan lágrimas de tus ojos,
es despedida igual, y si fingís no haberte dado cuenta,
odiando lo que pasa, también es despedida.

Es despedida de una forma u otra. Y las palmeras que se inclinan
sobre la laguna, verde y radiante, y los pelícanos
que se zambullen, y los cuerpos brillosos de los bañistas que descansan,

son etapas de una quietud final, y el movimiento
de la arena y del viento, y las secretas contorsiones del cuerpo,
son parte de lo mismo, una simplicidad que hace del ser

una ocasión para el lamento, o una ocasión
digna de celebrarse, ¿o si no qué otra cosa puede hacer uno
al percibir el peso de las alas de los pelícanos,

la densidad de las sombras de las palmeras y las células
que oscurecen la espalda de los bañistas? Estas cosas van más allá
de lo azaroso, con sus distorsiones, y de las evasiones de la música. El final

vuelve a representarse una y otra vez. Y lo sentimos
en las tentaciones del sueño, en la maduración de la luna,
en el vino y en su espera en la copa.

XL
¿Cómo puedo cantar, cuando no tengo la sensación ni la esperanza
de que algo del paraíso va a persistir en mi canción,
de que un roce de aquellas largas tardes de verano,

con sus pastos de oro que se derramaban bajo el azul sin mácula del cielo
va a hacer su hogar en otro lugar imaginario?
¿Habrá alguien ahí para tocar la viola, alguien que aún

les dé importancia a las canciones tristes? Y después de irme, como debo
y de volver, pasando por el reloj de arena, ¿voy a haber demostrado
que vivo contra el tiempo, que la seda de las canciones que canté

no va a perderse? ¿O voy a haber probado que lo que amo,
sea lo que fuere, me es intolerable, y que el paisaje del Leteo
nunca mejorará, y que lo que canto, sea lo que fuere, siempre es un vacío?

XLIV
Recuerdo estar parado frente a la rompiente de las olas,
con más miedo del ruido que del agua:
me tapé las orejas y corrí hacia mi madre

y esperé que me llevaran a la casa en la ciudad,
donde había silencio y no se oía el mar en los alrededores.
Y sin embargo, el mar en sí, ver cómo se extendía

hasta donde la vista alcanzaba a abarcar, me fascinaba.
Tan sólo su rugido daba miedo. Y ahora, años después,
son justamente su sonido y su tamaño lo que tanto me gusta

y lo que extraño en mi exilio tierra adentro entre montañas
que en nada cambian salvo por la luz
que las tiñe, o la nieve que las vuelve lejanas

o las nubes que las elevan y las hacen parecer mucho más altas
de lo que son. Y se las representa sin que tengan nada
del misterio del mar que crea sus propios cambios.

Los encuentros con uno y otras deben forzosamente diferir;
de todos modos, si tuviera que elegir, contemplaría el mar
y me abandonaría a sus sonidos que alguna vez me dieron tanto miedo.

Pero en aquellos días qué sabía del placer de la pérdida,
del borde del abismo que se acerca con susurros
y tormentas, un enorme animal hecho de agua quebrándose en las rocas,

lanzando sus estrellas de sal, su estrépito de nubes espumosas.

XLV
Estoy seguro de que encontrarías brumoso este lugar,
y sus montones de chalets de piedra que habría que arreglar urgentemente.
Unos grupos de almas, enfundadas en túnicas, están sentadas en los campos,

o van por los caminos serpenteantes de tierra. Son amables
y ajenas a sus cuerpos que, silbando, atraviesa
el viento. No hace mucho,

me detuve a descansar en un lugar en que una bruma
especialmente espesa subía desde el río. Alguien
que había dicho conocerme de hace años

se acercó y rne contó que en los alrededores
había muchos poetas que deseaban regresar a la vida.
Estaban listos para pronunciar las palabras que no habían podido decir,

palabras cuya ausencia había sido el silencio del amor,
del dolor, y del placer, incluso. Después se fue a reunir con un grupito,
que estaba junto a un fuego. Me pareció reconocer

algunas de las caras, pero a medida que me iba acercando escondían
sus rostros debajo de las alas. Yo giré la cabeza y miré en dirección a las colinas
que se alzaban sobre el río, donde la luz dorada del crepúsculo

y del amanecer son una misma luz, y vi algo que volaba
agitando las alas sin cesar. Y luego se detuvo, sostenido en el aire.
Era un ángel, y uno de los buenos, a punto de cantar.

domingo, 29 de enero de 2012

Ese es tu walkman? Qué moderno que es...

Hay una forma de experiencia vital - la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y los peligros de la vida - que comparten hoy hombres y mujeres de todo el mundo de hoy. Llamaré a este conjunto de experiencias la "modernidad". Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos.

Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire

lunes, 9 de enero de 2012

Las cosas claras, Julia

"El amor es algo de lo que se habla y no es más que eso. Los poetas siempre lo han sabido".

Julia Kristeva

sábado, 8 de octubre de 2011

Tu letra

"La letra del poema es insustituible"

Alicia Genovese

miércoles, 14 de septiembre de 2011

¿Qué eres?

-Una cosa- le dice antes de salir -. ¿Eres realmente poeta?
-Canto.
-¿Eres cantante?
-Sí.
-Es lo mismo, ¿no?
-No, no lo creo- replica ella.

Colum Mc Cann, Zoli

miércoles, 27 de julio de 2011

La palabra

Si guardas silencio, mueres. Si hablas, mueres. Así pues, habla y muere.

Tahar Djaout

jueves, 30 de junio de 2011

"Uno escribe poemas / porque está vivo. No se puede / enfriar el Ecuador o derretir / la Antártida; se puede / templar la voz."

Hugo Padeletti

jueves, 9 de junio de 2011

La única verdad que puedo escribir es la del instante que vivo

"¡Qué bien escribiría si no existiera! ¡Si entre la hoja en blanco y la ebullición de palabras e historias que toman forma y se desvanecen sin que nadie las escriba no se metiera en medio ese incómodo diafragma que es mi persona! El estilo, el gusto, la filosofía personal, la subjetividad, la formación cultural, la experiencia vivida, la psicología, el talento, los trucos del oficio: todos los elementos que hacen que lo que escribo sea reconocible como mío, me parecen una jaula que limita mis posibilidades. Si fuera sólo una mano, una mano trunca que empuña una pluma y escribe... ¿Quién movería esa mano? ¿La anónima multitud? ¿El espíritu de los tiempos? ¿El inconsciente colectivo? No lo sé. No es para ser el portavoz de algo definible por lo que quisiera anularme a mí mismo. Sólo para transmitir lo escribible que espera ser escrito, lo narrable que nadie cuenta."

"Pero si una verdad individual es la única que un libro puede encerrar, más vale que acepte escribir la mía. ¿El libro de mi memoria? No, la memoria es auténtica mientras no se la fija, mientras no se la encierra en una forma. ¿El libro de mis deseos? También ellos son auténticos cuando su impulso actúa con independencia de mi voluntad consciente. La única verdad que puedo escribir es la del instante que vivo."

Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero

lunes, 6 de junio de 2011

"La música es a la vez la más maravillosa, la más vivaz de todas las artes - es la más abstracta, la más perfecta, la más pura- y la más sensual. Escucho con mi cuerpo y es mi cuerpo que se duele en respuesta a la pasión y al pathos plasmados en esta música. Es el "yo" físico el que siente un dolor insoportable -y, a continuación, una sorda inquietud- cuando el mundo entero de la melodía de pronto brilla y desciende en cascada en la segunda parte del primer movimiento- es carne y hueso lo que muere un poco cada vez que me arrastra el anhelo del segundo movimiento".

Susan Sontag, Renacida

sábado, 30 de abril de 2011

Pero el poeta, está poseído por la hermosura que brilla, por la belleza resplandeciente que destaca entre todas las cosas. Y sabe, es lo único que no puede olvidar, que tendrá que dejar de verla, de gozar su brillo. El poeta está, para su desventura, consagrado a una divinidad que perece, en el doble sentido, de que la vemos irse ante nosotros y de que nosotros también nos iremos a donde ella ya no esté.

María Zambrano, Filosofía y poesía.

martes, 29 de marzo de 2011

Veía ella todo con tanta claridad, con tanta seguridad, cuando dirigía la mirada a la escena; pero todo cambiaba cuando cogía el pincel. Era en ese momento fugaz que se interponía entre la visión y el lienzo cuando la asaltaban los demonios, que, a menudo, la dejaban a punto de echarse a llorar, y convertían ese trayecto entre concepción y trabajo en algo tan horrible como un pasillo oscuro para un niño. Le sucedía con frecuencia: luchaba en inferioridad de condiciones para mantener el valor; tenía que decirse: "Lo veo así, lo veo así", para atesorar algún resto de la visión en el corazón, una visión que un millar de fuerzas se esforzaba en arrancarle.

Virginia Woolf, Al faro.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Proverbio chino

Solo cuando uno se tira al abismo, se da cuenta de que no hay.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Son la misma persona

(...) no se concebían los poemas si no son para ser cantados. Con el apego a la naturaleza, los nahuas llamaban "flor" a este producto de la expresión humana, o bien, con mayor exactitud "palabra florecida" o "música de palabras", traducciones posibles del cuicatl. Por lo tanto, el poeta y el cantor eran una misma persona, cuicani.

Enrique Martínez Miura, La música precolombina

viernes, 10 de septiembre de 2010

Verdad elemental: comprometerse

Hasta que uno se compromete existe vacilación, la posibilidad de retirarse y siempre la ineficacia. Respecto a todos los actos de iniciativa (y creación) existe una verdad elemental, cuya ignorancia extermina innumerables ideas y planes espléndidos: que en el preciso momento en que uno se compromete, también lo hace la providencia. Ocurre toda suerte de cosas que ayudan a uno, que de otro modo no hubieran ocurrido. Todo un torrente de sucesos surge de la decisión, acudiendo en auxilio todo tipo de incidentes imprevistos, encuentros, ayuda material, que ningún hombre hubiera soñado que irían a su favor. Yo he asumido un gran respeto por uno de los versos de Goethe: “Sea lo que fuere lo que puedas hacer, o sueñes que puedes hacer, empiézalo. La audacia contiene genio, poder, magia.

W.H. Murray, The Scottish Himalayan Expedition

miércoles, 18 de agosto de 2010

Paisaje de la posibilidad

En el principio no hay nada, después hay después, algo, una marca en el tiempo, un es. Lo que el vacío, la nada, lo imposible, o la ausencia, dispensaron, dieron al ser.
Marcaron en la página en banco o en la intemperie: en el paisaje de la posibilidad.
En la desnudez, la espera.

Creador es quien vive de esas marcas, esas huellas, no de sus cicatrices: las certezas.

Poéticas del vacío, Hugo Mujica.

domingo, 25 de julio de 2010

¿Hermetismo o confusión?

Girri decía una cosa muy bonita: un poema puede ser hermético pero siempre tiene que tener llave y cerradura. Los poemas que no las tienen no son herméticos, son confusos. En verdad a mí lo que me preocupa, ¡lo único que anhelo es el corazón del otro! (...)

Diana Bellesi, adn, entrevista sábado 24 de julio de 2010.

lunes, 12 de julio de 2010

Territorio de fuego

"La poesía, para el poeta mismo, es a veces un fracaso ¿no? Porque está representada en el poema tal vez la décima parte de lo que quería decir. El poema viene a ser como un mapa opaco de un territorio de fuego que el poeta recorre durante la creación poética, pero donde todo resulta un poco inasible, ¿no? Lo asible es lo que se recoge en el poema"

Olga Orozco

domingo, 11 de julio de 2010

Pero seguía volando desesperadamente

Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas,
los rumores cansados;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestables riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó la muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo fluido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando
deseperadamente.

Oliverio Girondo, Persuasión de los días

miércoles, 30 de junio de 2010

Escuchémoslo en René Char

"¿Por qué poema pulverizado? Porque al final de su viaje hacia el País, tras la oscuridad prenatal y la dureza terrestre, la finitud del poema es luz, don del ser a la vida.
El poeta no retiene lo que descubre; una vez transcrito, lo pierde enseguida. En eso residen su novedad, su infinito y su peligro".

Poéticas del Vacío
, Hugo Mujica.